¿Qué es el Budismo?

   El Budismo es una filosofía de vida basada en las profundas enseñanzas del Buda para todos los seres. Pretende revelar el verdadero rostro de la vida y del universo, no con el propósito de convertir a las personas, sino de iluminarlas.

 

 El Budismo es una religión de sabiduría donde predominan el conocimiento y la inteligencia. Ha ayudado a millones de personas a encontrar la paz interior, la alegría y la armonía durante más de dos mil quinientos años.

 

 El Budismo es una religión práctica, basada en el condicionamiento de la mente a través de la vida cotidiana y la búsqueda de la paz, la tranquilidad, la alegría, la sabiduría y la libertad perfectas. Puesto que se trata, entonces, de un modo

de vida donde se busca extraer los aspectos más positivos y beneficiosos de la vida, se lo llama también “Budismo humanitario”.

¿Por qué Budismo Humanitario?

El fundador del budismo, el Buda Sakyamuni, es el buda de nuestro mundo. En él nació, se desarrolló espiritualmente, alcanzó la iluminación y compartió con los demás las profundas verdades de las que cobró conciencia. En todo lo que hizo, le dio gran importancia al mundo humano. ¿Por qué el Buda no alcanzó la budidad en alguno de los otros cinco reinos de la existencia? ¿Por qué no alcanzó la iluminación en algún otro de los diez reinos dhármicos? ¿Por qué, en cambio, consumó su despertar como ser humano? Si vamos un paso más allá, hasta podríamos preguntarnos por qué no le llegó la iluminación en un kalpa pasado o futuro; por qué escogió para ello nuestro mundo saha, repleto de sufrimientos, y el kalpa presente. Sólo puede haber una razón: el Buda quería que sus enseñanzas se aplicaran en el mundo de los seres humanos. Su propia existencia humana ha sido una fuente de inspiración para todos y nos ha conducido hacia la senda espiritual. El budismo que él nos enseñó es humanitario y consiste en integrar la práctica espiritual en todos los aspectos de nuestra vida cotidiana. A continuación, mencionaremos las seis características distintivas del budismo humanitario.

 

Humanismo

El Buda no fue un espíritu que vino y se fue sin dejar rastro ni un producto de la imaginación, sino un ser humano. Tuvo un padre y una madre, una familia y una vida, como cualquiera de nosotros. Precisamente por medio de su existencia humana, expresó su compasión suprema, su responsabilidad ética y su prajna (sabiduría). Fue un buda y, a la vez, un ser humano.

 

Énfasis en la vida cotidiana

En sus doctrinas, el Buda hizo especial hincapié en la importancia de incorporar la práctica espiritual a la vida diaria. Brindó orientación sobre todo tipo de cuestiones mundanas, desde cómo vestirse, comer, trabajar y vivir, hasta cómo caminar, pararse, sentarse y dormir. Estableció pautas claras para que aprendiéramos a desenvolvernos en todos los aspectos de la vida, tanto para manejar las relaciones con nuestros familiares y amigos como para conducirnos en los ámbitos político y social.

 

Altruismo

El Buda nació en este mundo para instruir, servir de ejemplo y traer dicha a todos los seres vivientes, pues obró siempre en beneficio de los demás. Cada uno de sus pensamientos, palabras y acciones brotaron de un corazón rebosante de un profundo interés por los otros.

 

Dicha

Las doctrinas budistas tienen como meta hacer dichosas a las personas. Merced a la ilimitada compasión de su corazón, el Buda se propuso aliviar el sufrimiento de todos los seres vivientes y colmarlos de dicha.

 

Intemporalidad

El Buda nació por un motivo supremo: establecer una relación especial con todos nosotros, los que moramos en este mundo. Si bien vivió hace unos dos mil quinientos años e ingresó en el estado de nirvana, la semilla de liberación que plantó para todas las generaciones subsiguientes es intemporal. Aún hoy, sus ideales y sus doctrinas siguen siendo relevantes y sirviéndonos de guía.

 

Universalidad

La vida entera del Buda se caracterizó por su anhelo de liberar a todos los seres sufrientes, sin excepción. Amó a todas las criaturas por igual, ya fueran animales o seres humanos, hombres o mujeres, jóvenes o ancianos, practicantes del budismo o de otra religión.

Buda Sakyamuni

    Nació en el norte de la India (actual Nepal) como un príncipe a quien le dieron el nombre de Siddhartha Gautama.

    A los 29 años se encontró con escenas que provocaron un cambio decisivo en el rumbo de su vida. El sufrimiento por causa del envejecimiento, por la enfermedad y por la muerte, le mostraron la naturaleza inexorable de la vida, y el dolor universal de la humanidad.

   Dejó su familia y sus riquezas en búsqueda de la verdad y la paz eterna. Su búsqueda de la verdad fue más por compasión por el sufrimiento de los demás, que por cualquier dolor personal que nunca había tenido ocasión de experimentar.

   Luego de seis años de prácticas, mientras estaba meditando sentado bajo el árbol bodhi, de pronto experimentó un extraordinario arrebato de sabiduría, comprendiendo la verdad fundamental del universo y logrando una profunda comprensión de los caminos de la vida humana.

  El Budismo llama a esta comprensión: Iluminación.

  A partir de entonces se le llama Buda Sakyamuni (Sakyamuni significa el sabio del clan Sakya). Buda se traduce como "Quien está completamente despierto e iluminado".

   El Buda no era un dios. Fue un ser humano que alcanzó la iluminación a través de su propia práctica.

   A fin de compartir los beneficios que obtuvo del despertar, el Buda viajó con sus discípulos por toda la India, enseñando y difundiendo sus principios a las personas durante cuarenta y cinco años, hasta su muerte a la edad de ochenta años.

   El Buda era la personificación misma de todas las virtudes que enseñaba, llevando sus palabras a la acción. El Buda formó una de las primeras órdenes monásticas del mundo, conocida como la Sangha. Sus seguidores provenían de todos los estratos sociales y se les enseñaba a crecer espiritualmente de acuerdo con su aptitud para el aprendizaje.

   El Buda no exigió fe ciega, sino que, por el contrario, adoptó el principio de “ven y experimenta por ti mismo”, con el que atrajo los corazones de millones de personas. Su camino era el de la autoconfianza, que exigía un esfuerzo personal inquebrantable.

   Luego de la muerte del Buda Sakyamuni, se realizó el Primer Concilio Budista en Rajagcha, al que asistieron quinientos monjes, con el fin de recopilar y organizar las enseñanzas del Buda (conocidas como el Dharma). Este se convirtió en la única guía y fuente de inspiración para la Sangha. Los discursos que forman parte de él son llamados sutras.

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